Archivo de la categoría: Teatro argentino

La Pasión de Cristo en Centros Culturales de Buenos Aires

UNA ADAPTACIÓN TEATRAL DE LOS SANTOS EVANGELIOS  –  

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Carlos Benincasa como Herodes y Natalia García como Muerte, en una escena de la obra teatral “La Pasión de Cristo” dirigida por Adrián Lazz.

NUGDEA (Nueva Generación de Artistas) presenta bajo la dirección de Adrián Lazz la teatralización de La Pasión de Cristo, ofreciéndola durante el mes de agosto en el Museo Enrique Larreta, en septiembre en Centro Cultural Sur y en octubre en Centro Cultural Marcó de Pont de la Ciudad de Buenos Aires.
Habitualmente las obras con argumento basado en los sucesos de la Pasión de Jesús se ofrecen en fechas cercanas a la Semana Santa Cristiana, pero NUGDEA lo hace en pleno invierno porteño y al aire libre en los jardines de los Centros Culturales.
Este ámbito escénico despojado de elementos técnicos hace que las funciones se vean influidas por las condiciones climáticas de los días de representación.
De todas maneras Adrián Lazz, también libretista, no sujetó estrictamente a los Santos Evangelios su versión teatral sino que optó por rápidos pasajes de situaciones e incorporó algunos cambios a la historia religiosa con los que se insiste, a lo largo de la representación, y a modo de mensaje, en la esperanza de resurrección con la que los cristianos llegan al final de la vida.
En escena puede verse a la Muerte, interpretada por Natalia García, en el intento de impedir que Cristo resucite, aunque desde la platea se percibe que el personaje está mucho más poseído por la relatividad de un sentimiento de venganza que por la absolutez de un poder conclusivo.
Los pasajes del Nuevo Testamento transcurren en la obra en función del ámbito en el que son representados y están alejados del dramatismo con que fueron narrados por los Evangelistas, por lo que algunas situaciones bíblicas se encuentran entremezcladas en esta obra de la misma manera que lo están en la película Rey de Reyes de Nicholas Ray.
Con esta fusión de situaciones algunos actores se encontraron ante la exigencia de construir sus personajes con cierta versatilidad, tal es el caso de Carolina Derocco Cottet que comienza como La adúltera y continúa, sin transición, como María Magdalena; el de Sebastián Becker que con el personaje de Judas debe pasar de la firmeza al arrepentimiento en cortas y aisladas escenas y el de  Carlos Benincasa cuyo personaje es una fusión entre Herodes El Grande y Herodes Antipas.
Las escenas donde el director se luce son las armadas para los diálogos entre Herodes y Poncio Pilatos, personaje éste último interpretado por Román Golín.
El actor Martín Viñas asume el protagónico rol de Jesús con un phisique du rol adecuado desarrollándolo de manera creíble y sin caer en desbordes.
CARLOS HERRERA

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Sofocados – Los autores de televisión en el teatro

ESCRITORES QUE LUCHAN POR SOBREVIVIR EN EL DIFÍCIL MEDIO DE LA TELEVISIÓN   –

PRENSA - OMAR
Fernando Álvarez en una escena de “Sofocados”, obra de teatro de la que es coautor con Diego Serlin.

Fernando Álvarez y Diego Serlin reestrenaron Sofocados, su tercera obra, con dirección de Verónica Edye con una trama de suspenso centrada en la historia de Omar Pouzán, un escritor televisivo que en cuarenta y ocho horas deberá terminar un guión que lo colocará nuevamente en el prime time de la programación.
A tal fin se recluye en una casa en el Delta del Paraná, a orillas del río, junto a Jazmín, su secretaria y Federico, un joven escritor. Santiago, el casero de la residencia, los acompaña, aunque sólo a veces.
El clima caluroso y un acondicionador de aire que no funciona crearán un ambiente tenso donde el autoritarismo, la pasión, la desconfianza, el ansia por competir y la traición crecerán hasta llegar a ser, como la temperatura, absolutamente sofocantes y provocar un desenlace inesperado

El suspenso en la puesta en escena

La construcción dramatúrgica mantiene al suspenso como su base principal, algo que fue aprovechado por la directora para su puesta en escena para remarcar situaciones con semiluces. Es un buen recurso el utilizar la casi penumbra para remarcar los diferentes climaxs, aunque tiene su falla en una luz amarilla en el centro de foro que encandila a los espectadores ubicados en las plateas centrales.
Los personajes se mueven en un amplio ámbito escénico fragmentado por sectores para desarrollar diferentes situaciones dentro de una escenografía muy funcional a la puesta.
El elenco integrado por Valeria Blanco, Fernando Álvarez, Gabriel Zuccarini e Ismael Santillán realiza una labor homogénea sobre personajes bien definidos, si bien llama la atención la labor de Santillán en el rol del casero Santiago quien en los rápidos movimientos definitorios de situación que le toca actuar, demuestra poseer excelente técnica corporal.
El espectador se mantiene expectante con la historia de suspenso que se desarrolla en escena.
Sofocados se ofrece en el teatro Hasta Trilce, Maza 177 de la ciudad de Buenos Aires, los días sábados a las 21. Tel. 4862-1758. Las localidades tienen un valor de $ 130 con descuentos para jubilados y estudiantes.
CARLOS HERRERA

Caja robada en Teatro El Cubo por la compañía Altro Ké

COMEDIA CON PERSONAJES BIZARROS EN UN ATAQUE DE HARTAZGO Y AMBICIÓN   –

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Romi Pinto, Silvina Tenorio y Cristian Majolo en una escena de “Caja robada” de Walter Rodríguez.

La Compañía Altro Ké presentó su cuarta producción con la obra Caja robada de Walter Rodríguez.
Una comedia paradigmática con flashes de otros géneros tales como el grotesco, la sátira, la parodia, el suspenso y el comic, para una alucinante historia donde una empleada de un taller, a punto de jubilarse, convence a su compañera de tareas y al hijo de la misma de dar el gran golpe que cambiará sus oscuras existencias.
Es difícil ser ladrón cuando se tienen otros códigos y se pretende que ese “golpe” los transforme en héroes de ellos mismos para, de esa manera, ser “triunfadores de la vida”

Espectadores para la fantasía

La trama transita por una seguidilla de gags que provocan carcajadas en la platea y quizá los espectadores open mind sean quienes más disfruten de esta obra, ya que en el escenario todo el tiempo se desarrollan situaciones disparatadas, llenas de fantasía y lejos de la verosimilitud.
Con la obra Caja robada los espectadores encontrarán la manera de ver algunas realidades con las que sentirse identificado paro reirse de ellas.
El elenco integrado por Romina Pinto, Cristian Majolo y Silvina Tenorio realiza acertadas composiciones en las que algunos desbordes fueron aprovechados por el director Gaby Fiorito para construir una puesta ágil que logra que el espectador disfrute de cada situación cómica que se desarrolla en escena.
Caja Robada se ofrece en el Teatro El Cubo, Zelaya 3053 de la ciudad de Buenos Aires, los días sábados a las 22.
Carlos Herrera

Eduardo Pavslosky, el autor, el actor y el psicoanalista

– “Me pregunto, ¿para qué existimos?… –  

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Eduardo “Tato” Pavlovsky, en octubre de 2010.

El intelectual argentino Eduardo “Tato” Pavlovsky era deportista, se recibió de médico psicoanalista y posteriormente llegó al teatro como actor y luego incorporó la tarea de dramaturgo. Si bien nunca
sintió la necesidad de abandonar alguna de sus múltiples actividades, confiesa que cuando regresó de su exilio en España sintió que debía prevalecer sólo una ellas, pero pronto desechó esa idea.

C.H. -¿Hay un hecho puntual que marca la llegada del teatro a su vida?
E.P. – Hay dos hechos puntuales; en el año 1954 con un grupo de amigos hicimos, la comedia “Tovarich” de Jacques Deval. Al entrar al escenario tuve la rara sensación de pertenencia a ese ámbito. Un año después, y ya dedicado al psicoanálisis, vi la obra “Esperando a Godot” y en esa obra están expresadas angustiantes preguntas que aún me hago y que no tienen respuesta psicológica definida,
C.H. -¿Cúales son esas preguntas que se hace?
E.P. – Me pregunto, ¿para qué existimos? ¿Qué sentido tiene todo esto?
C.H. -Y que estén en esa obra le impactó…
E.P. – Fue un impacto conmocionante. Entonces quise acercarme al teatro, pero en esa época un médico no podía ser actor.
C.H. -¿El ámbito teatral argentino era tan cerrado como para no permitirlo?
E.P. – Al revés, el hecho de ser psicoanalista me lo impedía. Porque hay algunos escritos de Freud que son duros con el actor al decir que son personas inmaduras que necesitan completar su yo con el espectador. Pero me di cuenta de algo que a mis 76 años aún afirmo, que es que cuando el psicoanalista desconoce la trama argumental del que habla, la interpreta.
C.H. -¿Considera que cada espectador o lector también tiene su propia interpretación?
E.P. – Sí. Creo en lo que dice Umberto Eco sobre la obra abierta, que en el hecho del arte significa la pluridimensionalidad de la visión de cada espectador tejiendo la propia historia entre el hecho estético y su mundo.
C.H. -¿Y si un espectador le da una visión diferente a la suya sobre algo que usted escribió?
E.P. – Hay una línea ideológica definida en mi teatro que para mi es rebatible. En la obra “Potestad” señalo un hecho histórico de tiempos de la dictadura en la Argentina como es la apropiación de niños, pero hay subjetividades porque en esa época se enfrentaron dos bandos pero también había mucha gente fuera de ellos que no se sentía perseguida y es la que puede rebatir.
C.H. -En “Potestad” usted instala la idea de que un torturador también puede estar capacitado para amar.
E.P. -Y eso causó una gran polémica porque yo decía que se confundía el juicio de valor con la formación de subjetividad del protagonista que sufre cuando considera que le roban a su hija pero no tiene en cuenta que él ha robado esa niña a sus verdaderos padres. Los sentimientos y lo que pasa por su cabeza forman su subjetividad y no tienen nada que ver con el juicio de valor de lo que hace.
C.H. -Para eso, al ser psicoanalista, ¿no tiene ventaja sobre otros autores teatrales que no lo son?
E.P. – No. Porque los psicoanalistas sabemos más sobre el inconsciente y la subjetividad se hace sobre el preconsciente. El inconsciente no sabe lo que hace, a muchos eso les sirve de excusa, pero en el estado consciente hay gente que ha llegado hasta a matar por admiración.
C.H. -¿Usted admira a alguien?
E.P. – A algunos intelectuales como Cesar, por estar comprometido en la política diaria y a El Che, a quien admiro fanáticamente.
C.H. -¿Cree que Guevara era un intelectual?
E.P. – Lo creo. Fue un intelectual raro, guerrillero, pero me parece un intelectual de altísimo nivel, con una coherencia entre lo que sentía, lo que hacía y lo que decía. Edward Said dijo que un intelectual tiene la obligación de opinar sobre la sociedad que le dio su formación. A mí me llamaron para ser integrante de la lista Carta Abierta y pensé que se me llamaba en calidad de intelectual crítico, pero no fue así.
C.H. -¿Cuándo tomó conciencia de que usted era un intelectual?
E.P. – A mí se me mezclaban las ideas. He sido deportista y con este físico no doy la imagen de intelectual, pero me fui formando con lecturas y sobre todo por estar cerca de personas más inteligentes que yo que me daban sus opiniones.
C.H. -¿Quiénes son más inteligentes que usted?
E.P. -Puedo nombrarle a Alberto Ure en teatro y a Baremblit en psicoanálisis, sabían más y pensaban mejor que yo. Dentro del psicoanálisis también admiré a Emilio Rodrigué y llegué a hacer una película, “Heroína”, con el guión basado en una de sus novelas.
C.H. -Fue actor en muchas películas pero desarrolló más la actuación teatral.
E.P. – Me considero actor de teatro y no de cine. Creo que las películas son del director. Me costó mucho disciplinarme para ser actor cinematográfico. Recién ahora puedo decirle que soy buen actor de cine (sonríe) pero en teatro soy mejor,
C.H. -En el teatro argentino se lo considera actor del under.
E.P. – Yo elegí una línea under porque es más afín con mi ideología y pude hacerlo porque siempre viví de mi profesión de psicoanalista. Pero no quiero hacerme el purista porque si no hubiera tenido los medios que tuve quizá hubiera hecho televisión
C.H. -Es médico, psicoanalista, actor, autor y deportista. ¿Nunca pensó dejar alguna de esas actividades?
E.P. – No. Aunque tuve dudas existenciales cuando volví del exilio en España, donde vivía muy bien, y no sabía cual de esas actividades ejercer en Buenos Aires. Pero, finalmente, me asumí como un todo.

Eduardo Pavslovsky, se definía como un “todo” y para el teatro argentino eso fue lo que significó. Murió el 4 de octubre de 2015, exactamente cinco años después de que, amablemente, concediera esta entrevista en su casa del barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires.
Carlos Herrera